
Descubrí el
chinlone en Myanmar, antigua Birmania, en un viaje por ese increible país. Allí es el deporte nacional y lo practican en
cualquier esquina de cualquier lugar, al caer de la tarde y cuando el calor da algo de tegua. Lo practican desde muy pequeños hasta que son muy ancianos, lo cual resulta sorprendente porque requiere una
técnica, forma física y elasticidad verdaderamente notables. Llega a tener un componente cási religioso, afirmando los que juegan que entran en una especie de trance que les hace olvidar todo lo demás y concentrarse en que la pelota no toque el suelo, de la manera más virtuosa posible. No es de extrañaar por ello que los mayores festivales de Chinlone se celebren en los templos, como ocurre con el
Festival de Waso.
El canadiense
Greg Hamilton se enganchó completamente al chinlone y ha dedicado muchos años de su vida al perfeccionamiento de su técnica en Birmania. Hizo un documental sobre el chinlone titulado "the mystic ball" que es bastante interesante.
Se juega en círculo con un equipo normalmente de 5 personas y con una
pelota hecha de ratán. Compré unas cuantas en Rangún y os aseguro que duele al dar un toque con el pie desnudo.
A más de uno de la liga española lo mandaría una temporadita a Mandalay a que se jartase de dar toques a la bola.